Artres se movía cauteloso entre los árboles de un bosque humedecido por la oscuridad nocturna. Su objetivo era llegar silenciosamente a la explotación de esclavos lemitas que poseía la familia Reck-Galvin, la más rica y poderosa de toda la provincia. Tenía que comunicar algo importante a su amigo Talos, uno de los esclavos que malvivían en aquel lugar.

Talos era un hombre de especie lemita que compraron los padres de Artres cuando este era un recién nacido. Paseaban por el mercado de la ribera y vieron a Talos, por aquel entonces un niño, apático y mustio, tirado en el suelo de una pequeña jaula. Les dio lástima y pensaron que podría servir como compañero de juegos y cuidador de su hijo. Dado el rápido desarrollo intelectivo de los lemitas, podían asumir responsabilidades desde muy pequeños. Así, los padres de Artres se llevaron a Talos y durante años lo trataron, no como a un hijo, pues no era más que un lemita, pero sí con cierto afecto y dulzura.

Artres y Talos crecieron juntos y siempre se consideraron hermanos en lugar de dueño y propiedad. Desgraciadamente, la familia de Artres pasó por durísimos momentos económicos y tuvieron que vender a Talos a...


[continúa en Escritos escritoS, el blog de Pablo, su autor]