Me crucé con ellos hace apenas dos días por la carretera. A la vista de todos, bajo la lluvia. Ellos, curiosos, olisquéan hacia el exterior de los barrotes de su jaula de metal. Olisquéan y te miran.

No hay otra manera, no hay discusiones que valgan. Ellos no pueden esperar más. Sufren y mueren por miles de millones ante nuestros ojos.

Son nuestros sangrantes platos.

Los ojillos de esos cerditos que me miraron hace dos días, dejaron de ver ese mismo día. Toda una vida de privación para tu paladar. Esa no es una excusa, ni tampoco la salud, ni la necesidad, ni la superioridad, ni ninguna otra. Se duele como tú, disfruta como tú, vive como tú.

Infórmate, reflexiona, tómate tu tiempo, pero solo tú eres el que puede liberarlos, no lo olvides y, el tiempo, no corre a favor de nadie, sólamente en su contra.