Imagen creación original de Opción Respeto: "Justice For All"

Os traigo el texto titulado "Una mirada optimista con los pies en la tierra" publicado, recientemente, en Opción Respeto, uno de los blogs de un jóven y apreciado amigo, llamado Pablo, del cual, os mostré hace ya unos cuantos meses otro texto suyo, "A ambos lados de la verja", correspondiente a su otro blog Escritos-escritoS, este más centrado en su faceta de escritor.

A todos aquellos veganos y activistas, que en algún momento sintamos que la amargura y el desánimo nos atrapen, os recomiendo leer estas palabras y, veréis vuestro ánimo reparado. Podéis leerlo aquí mismo, pero cierro comentarios, porque es de justicia que si tenéis cualquier cuestión que consultar o agradecimientos que hacer, lo hagáis, por favor, en su propio blog ("Una mirada optimista con los pies en la tierra").

Aunque este texto sea, en buena parte, contestación a otra entrada en el blog de otra persona, tiene autonomía y fuerza propia, de modo que, así quiero que sea.

Una mirada optimista con los pies en la tierra

Los animales necesitan que aquellos que queremos abolir su esclavitud, hagamos las cosas del modo más eficiente posible. Si no nos esforzamos por elegir lo más adecuado para que el mundo avance hacia la abolición, podemos acabar desperdiciando tiempo, dinero y esfuerzo, y serán los animales los que pagarán el precio. No digo nada nuevo con esto, últimamente se oye mucho.

No es bueno que tengamos una visión irreal y exagerada de nuestras posibilidades. Por ejemplo, creo que es cuanto menos ilusorio aferrarnos a la creencia de que podemos lograr que los gobiernos, formados por políticos especistas que quieren seguir comiendo animales, vayan a tomar medidas encaminadas a desmantelar un sector que da trabajo a miles de personas (votantes) y que permite al 99% de la sociedad (votantes) seguir satisfaciendo su deseo de disfrutar del sabor de los productos de origen animal. Tampoco es realista pensar que lo van a hacer sin darse cuenta.

Pero lo que tampoco es positivo, es tirar la toalla a la mínima y tomar una actitud derrotista. Que no percibamos grandes victorias para los animales en nuestro día a día, no significa que la concienciación social solo pueda fracasar.

Opino que debemos tener una actitud positiva en cuanto a nuestras posibilidades, pero siempre con los pies en la tierra. Y creo que las posibilidades de la concienciación social sobre el veganismo y los derechos animales invitan a ser optimista. No hagamos caso de discursos derrotistas basados en humo.

Se dice que el crecimiento del veganismo no puede superar al de la población. Afirmaciones como estas son las que debemos mirar con lupa. Desde 1950, la población mundial ha crecido un 157%. Hoy somos unos 6.700 millones de humanos creciendo a un ritmo de unos 70 millones al año. Son cifras desalentadoras, pero lo cierto es que si esto es un problema para la concienciación, lo es también para cualquier otra medida. ¿O es que acaso alguien conoce una estrategia contra este hecho?

Lo cierto es que en los países occidentales la población casi no crece. Dado que estamos aquí, no podemos hacer mucho de momento para cambiar las cosas en los países en vías de desarrollo o en los subdesarrollados, por tanto, si hablamos de crecimiento poblacional o de analizar la sociedad para aplicar la estrategia correcta, deberíamos centrarnos en estudiar el tipo de sociedad donde aplicaremos dichas estrategias, es decir, en sociedades desarrolladas.

¿Cuántos veganos habría en Estados Unidos en 1950? No sé si es posible responder a esta pregunta, pero parece lógico pensar que había más bien pocos. Voy a proponer que había 60.000, lo cual creo que es muy exagerado. ¿Y cuantos veganos hay hoy en Estados Unidos? Tenemos dos datos, uno apunta al 0,2% y otro al 1,3%. Cojamos el dato más conservador y tendremos que en EEUU hay unos 600.000 veganos. Esto supone que el veganismo en EEUU ha crecido desde 1950 en un 900%, mientras que la población ha crecido en un 100%. ¿Y en Europa? De los datos de Wikipedia podemos sacar estas cifras aproximadas de población vegana: Reino Unido 200.000; Alemania 70.000; Suecia 20.000; Holanda 16.000. En total unos 300.000 redondeando a la baja. Ignoremos los miles de veganos de países de los que no hay datos, como Bélgica, Austria, Suecia o Noruega. ¿Cuántos veganos habría en Europa en 1950? Pongamos la disparatada cifra de 60.000 de nuevo. Tendremos que desde 1950 la población vegana habrá aumentado en un 400% mientras que la población europea solo un 32% . Sin duda el veganismo en occidente crece a un ritmo mayor que la población.

Si los defensores de los animales de los años 60 o 70, hubieran adoptado el discurso derrotista creyendo que la gente no cambia y que sólo sigue la corriente, hoy habría, creo que es evidente, cientos de miles de veganos menos y varios miles de esclavos más. La cuestión es que no hay motivos para pensar que el veganismo no se vaya a seguir extendiendo. No hay datos ni evidencias, solo afirmaciones gratuitas y desmoralizadoras. Para pensar que la concienciación es efectiva, al menos contamos con una tendencia. Además podemos sacar algunas conclusiones sobre la forma de esa tendencia. Creo que hay motivos para pensar que, no sólo el número de veganos crece, como se ha comprobado, sino que su crecimiento es cada vez mayor. ¿En qué me baso para pensarlo? Por ejemplo, en que la gente occidental, por lo general, o no tiene hijos, o tiene uno o dos, mientras que un vegano, ya tiene que hacer poco para no convencer en toda su vida a muchas más de dos personas. Si cada vegano convence a más de tres o cuatro personas en su vida, estará poniendo su grano de arena para que el ritmo de crecimiento del veganismo sea mucho mayor que el de la población. No hay excusas para quedarse en casa jugando a la consola. Por otro lado, el veganismo no solo reduce la demanda de alimentos de origen animal, sino que automáticamente promueve alternativas a esos productos, lo que ayuda a que haya más veganos. Las empresas gastan millonadas en estudios de mercado. Si ven cada vez más veganos, se pondrán a intentar quedarse con esa jugosa cuota de mercado que ha perdido la ganadería. Creo que no es casual que Central Lechera Asturiana o Hacendado saquen leches de soja enriquecidas en B12 o que Danone saque yogures 100% vegetales. Hoy ya existen hamburguesas, quesos, patés, salchichas y otros productos veganos que imitan de un modo impresionante los sabores y texturas de los productos de origen animal. Son más caros y más difíciles de encontrar, pero cuantos más veganos seamos, serán más baratos y más fáciles de encontrar (por la competencia entre empresas), lo que a su vez facilitará que haya más veganos y así ad infinitum. Por ejemplo, cuando estuve en Londres, me compré un paquete de imitación vegana del beicon. En Euros, me costó 3. El mismo producto en España me cuesta 6, y eso que los precios en Londres son más altos.

Viendo cómo ha crecido el veganismo (y también el vegetarianismo) desde los años cincuenta del siglo pasado, teniendo en cuenta que podemos convencer a muchas personas a lo largo de nuestra vida (que a su vez harán lo mismo), y que el veganismo promueve el desarrollo y la comercialización de alternativas libres de esclavitud (las cuales hacen más fácil que la gente se haga vegana), podemos darnos el lujo de ser optimistas respecto a la educación vegana y tener una actitud positiva en nuestro activismo, lo cual siempre viene bien para encarar la lucha.

En ocasiones se simplifica y ridiculiza la educación vegana, llegándose a decir que queremos convencer a la gente de una en una. La cuestión es que la concienciación no funciona así. No es que un activista vaya por la calle hablando con la gente y que unos digan “No, yo paso” y otros “Tienes razón, me hago vegano”.

Lo primero es que hay miles de formas de hacer concienciación y de comunicar un mensaje. En un pase de video o una charla, te diriges a varias personas a la vez, en ocasiones a veinte o treinta. Haciendo protestas en la calle te diriges a cientos en pocas horas. Realizando acciones impactantes, puedes salir en los medios y llegar a millones.

Lo segundo es que la persona que decide hacerse vegana, no lo hace generalmente como resultado de un único estímulo. En mi caso, por ejemplo, la primera vez que vi un mensaje sobre vegetarianismo, pensé: “Con todas las cosas por las que hay que luchar y hay gente dedicándose a esto”. Una reacción normal tras casi veinte años de educación especista, pero al mismo tiempo, un pequeño e inconsciente primer paso. Después conocí a dos vegetarianos. Nunca había hablado con alguno antes y resultó que ambos eran inteligentes y simpáticos y uno de ellos buen deportista. Ahí se me cayeron los mitos “vegetariano=freak, secta, budismo” y “vegetariano=enfermo saco de huesos”. Había dado otro paso. Otro día vi una horrible foto de varios cerdos siendo subidos a un barco con una red, todos apiñados como mercancías. Me impactó mucho la cara de sufrimiento extremo que tenían. Seguía caminado. En una excursión vi un grupo de vacas. Me fije en una madre que caminaba con su bebé al lado. Las vi como personas. Fue un gran paso que me llevó al vegetarianismo. Meses después conocí a activistas veganos que me ayudaron a disipar mis dudas sobre nutrición. Paso final, me hice vegano.

Cada acto de concienciación que hacemos no cae en saco roto solo porque no vengan varias personas a decirnos que se hacen veganas. En ese tiempo hemos podido ayudar a mucha gente a dar un paso más, o a dar el primero. En ocasiones somos partícipes del último paso que necesita una persona. Nos hace muy felices porque percibimos el resultado final. Pero piensa que para que alguien llegue hasta ahí, primero ha debido dar una serie de pasos en esa dirección. Esos pasos también son victorias para los animales.

Si alguna vez caes en las redes del pesimismo, haz este ejercicio. Piensa en toda la gente que te conoce y que sabe que eres vegano. En tu día a día estas normalizando el veganismo. Estás derribando mitos, demostrando que vegano no es sinónimo de amargado y enfermo misántropo. Cada vez que conoces gente, en tu nuevo trabajo, en tu nueva clase, estás dando los primeros o los segundos empujoncitos a decenas de personas. Algunas nunca cambiarán, pero otras lo harán gracias a ti. Piensa también en las personas que sí sabes que ayudaste a avanzar.

Para muestra un botón. Yo sé que influí a que dos chicos se hicieran vegetarianos y otro vegano cuando participaba en un centro social. Una chica se hizo vegetariana después de verme tocar en una casa okupa y poco después se hizo vegana. Hace poco me encontré con un chico, de esos que piensas que nunca va a cambiar. Se había hecho vegetariano. No puedo evitar pensar que verme tocar varias veces y leer unos boletines veganos que escribía con un amigo le ha tenido que influir algo. Mi pareja se habría hecho vegana aunque no me hubiera conocido, pero sé que mi apoyo la ayudó a hacerlo antes. En el centro social organicé dos jornadas sobre Liberación Animal. En las de 2005 mi pareja se hizo vegetariana. En las de 2006, se hizo vegana y su mejor amiga se hizo vegetariana. Un día distribuyendo el boletín en unos conciertos, un chico de 14 años lo leyó y quiso hacerse vegetariano tras descubrir lo que padecen los animales por nuestra culpa. Su hermana mayor le disuadió de hacerlo metiéndole miedo con mentiras sobre nutrición. Estoy seguro de que ese chico algún día será vegano. Gracias a que mis compañeros de Igualdad Animal y yo estábamos cierto día haciendo una protesta contra la peletería, cierta vegetariana nos vio, se informó, se hizo vegana y hoy es una maravillosa activista. Gracias a que cierto día, estábamos en la calle promoviendo el veganismo, cierto vegetariano nos vio, se informó, se hizo vegano y hoy es un fantástico activista que con solo su labia ha hecho veganos a sus padres, sus hermanas y a un matrimonio amigo de la familia. ¡Toma ya! La lista podría seguir, pero no quiero aburrirte.

George Bernard Saw dijo algo como que le hacía feliz pensar que en su funeral estarían los espíritus de los animales que no se comió. Aunque es bonito, yo no creo en los espíritus. Sin embargo, me gusta pensar que cuando vea acercarse a la muerte, espero que dentro de muchos años, imaginaré a todos los animales que no fueron traídos a una existencia infernal gracias a que yo fui vegano y a que convencí a muchas personas, que convencieron a muchas personas que... y me sentiré feliz. Si el derrotismo te absorbe porque crees que no convences a bastantes personas, plantéate que quizás parte de la culpa puede ser tuya por no estar haciendo suficiente.