
Curiosamente, la misma valla que bordea la carretera, tratando de evitar que estos animales mueran atropellados, paradójicamente les ha dejado a las puertas de la muerte.
De un lado, un campo de cultivo propiedad de algún humano, lugar, por tanto, prohibido para ser hogar de ningún conejo. Del otro lado, un estrecho margen, horadado como una mousse, saturado de conejeras, lindando con la fatal carretera. Ese es el hogar que les hemos dejado.
No tenia heridas de escopeta, con lo que imaginamos fue despedido por el golpe de algún vehículo y quedó atrapado como una tonta marioneta en la red metálica.
Si no hubiese sido ese su final, algún otro cruel final, hubiese tenido, gracias a los resideñadores egoístas del mundo: los humanos.
Este planeta es el hogar de todos los que podemos disfrutarlo. ¿Qué derecho tenemos a distribuirlo y rediseñarlo a nuestro antojo sin tener en cuenta las necesidades de los demás animales? Ellos también lo necesitan, es su hogar y alimento, y tenemos los conocimientos suficientes para seguir nuestro curso respetándo sus necesidades.
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Stop Caza.
Conduce con precaución y presta mucha atención.






Sentir Bajo el Agua













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