La Coctelera

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Categoría: Ceda el paso!

Del grupo en facebook "Salva Vidas en la Carretera"

9:30 de la mañana de hoy, jueves 4 de Junio de 2009. La hora punta va llegando a su final. Camino del trabajo, ya llego tarde, pero voy sin prisa. En uno de los túneles de la M30, intuyo a ver una pequeña figura paseándose sin rumbo, como un pequeño funanbulista, por el borde que delimita el asfalto y el muro de contención...

¡¡¡ NO ME LO PUEDO CREER ¿QUE HACE UN GATITO EN PLENA M30? !!!

Da igual el lugar, pues en cualquier punto de cualquier carretera, puede aparecer un animal. Ante la imposibilidad de no poder parar en ese momento, he tenido que buscar una salida y volver sobre mis pasos lo más raudo posible. Llego de nuevo al lugar, más despacio de lo normal para poder frenar sin brusquedades evitando un accidente, pongo los intermitentes de emergencia y paro lo más aproximado al borde. Correr, cogerle, jajaja, ser arañado por un pequeño asustado y de vuelta al coche. Todo listo y a salvo, bocinas a nuestro alrededor y rumbo al trabajo. El está a salvo, aunque asustado. Esto, es algo que puede hacer, absolutamente cualquiera... cualquiera. Decenas de conductores pasaron de largo y, en un descuido el gato pudo ser atropellado. Es cuestión de educación, algo que con el esfuerzo de todos, se puede conseguir. Solamente, hay que prestar atención a la carretera y prestar el merecido derecho de auxilio que todo individuo posee. Ahora solo resta sacarle adelante y buscar adoptante. ------------------------------------------------------------------------ Actualización a dia 5 de junio de 2009. Esta es una de esas historias de carretera con final feliz: Ulises, que así le ha llamado su adoptante, no fue atropellado, aunque de no haber intervenido nadie, así hubiese sucedido pues no tenía ninguna salida posible. Finalmente, ha sido adoptado por alguien responsable, a quien ambos agradecemos su decisión. Larga y feliz vida! Respeto para Todos los animales, dentro y fuera de la carretera!

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Esta nota fue creada para el Grupo "Salva Vidas en la Carretera", que he iniciado en Facebook, al cual, en solo 5 días, se unieron 500 personas, con un objetivo claro, de sensibilizar sobre el respeto a los animales (en especial, en el ámbito de las carreteras y los atropellos) y, aportar consejos prácticos para evitar, prevenir y socorrer a los animales. Fuera de Facebook, habrá otro tipo de difusión y concienciación en este sentido, en primer lugar, con un nuevo blog: http://salvavidasenlacarretera.wordpress.com, que pronto estará activo.

(Su Mirada sin Vida)
Estás viendo un ojo que ya no mira.

Donde segundos antes veía una Mirada, ya solo veo un ojo ciego. Donde antes había Alguien, ahora ya no hay nadie.

No es un ojo cualquiera, es el ojo del que Acaba-de-morir. Es una mirada que hiela la sangre y el espíritu, que descorazona, que te deja vacío y apuñalado.

Se le fué la vida, se la quitaron.

Instantes antes, su mirada te decía cosas: "ayúdame", "estoy sufriendo", "quiero estar con vosotros", "estoy más tranquilo", "soy yo"... los perros suelen comunicar bien sus emociones.

Qué injusta la vida, para él!

Te mataron atropellándote y huyeron! y en tu agonía, nadie acudió, negándote el auxilio, participando voluntariamente en tu muerte. Y fueron cientos los cómplices de tu sufrimiento y tu cruel muerte... Sí, cientos! Los que te pudieron ver, tomaron una decisión, quizás en milisegundos, "Sí ayudarLO / No ayudarLO". Ese LO, para ellos, indica objeto, cosa, indica No-Vida, es la manera de pensar especista, errónea e injusta, "es un simple animal, no siente".

Él era un joven perro, que fué atropellado, seguramente esa misma noche, y ahí quedó moribundo en el kilómetro 40 de la A2, dirección Madrid-Barcelona. "Azuqueco" le llamaré, porque no llegué a conocer su nombre, pero el se merece que le recordemos los tres que intentamos socorrerle como alguien con el que podíamos habernos llevado bien, compartido buenos momentos, o simplemente, habernos cruzado en la vida cordialmente.

(buscando ayuda a las emergencias, mientras el esperaba moribundo en el suelo)

De camino a un acto por los derechos de los animales, nos lo encontramos tirado fuera de la carretera, y él, hizo un gesto levantando la cabeza... "Está vivo!!!" Paramos a un par de kilómetros, quizás, pues no era posible estacionar sin peligro más cerca. Corrimos hasta alcanzarle, le ofrecimos la mano para que nos conociera, le acariciamos, le dimos el poco alivio que pudimos en ese momento. Sabíamos que estaba muy mal cuando le encontramos, pero hacía por intentar levantarse, incluso acercarse a nosotros al ver que nos alejábamos unos metros en busca de esa voz de emergencias que le socorriese.

(soportando la angustia, más tranquilo, cuando llegamos y nos reconoció como amigos)

No podía moverse más que de cintura para arriba, pero teníamos que intentarlo todo por él. No nos atendió nadie por teléfono, con lo que optamos por llevarle al veterinario de urgencias más cercano, en Azuqueca de Henares. Jadeaba mucho y se veía que lo estaba pasando, francamente, mal. Pero la capacidad de lucha de los perros es grande, había que intentarlo todo... como por cualquier bondadoso que lo necesite.

Llegamos a la clínica justo en el momento en que sus ojos dejaron de mirar... Quiero creer que encontró en nosotros un momento de tranquilidad, que se dejó llevar por el cansancio, dejando de luchar activamente, dejando paso al sueño más profundo.

(Yace en paz pequeño amigo)

Unos amables bomberos del 112, localizaron a los agentes municipales del lugar. Se hicieron cargo del cadáver y quedamos a la espera de saber del por qué llegó hasta allí, estando identificado.


No acabó el día y tuve que presenciar en directo dos muertes más. También a manos de humanos ("Tauromaquia Abolición !!!" en la plaza de toros de Zaragoza). Estos asesinados sin piedad, en nombre de la estética y la plasticidad, en nombre de la tradición. Otros cuatro más murieron con ellos esa misma tarde. Esta es otra lucha que no parece tener final, pero solo lo parece...

Todo comenzó el domingo pasado, cuando conduciendo por la madrileña M45, lo esquivamos para no atropellarlo. Paramos, en el arcén, unas decenas de metros más allá de donde él estaba, y corrimos raudos a espantarle para ahuyentarlo y que saliese de esa muerte segura que era la carretera. Los coches que venían, lo esquivaron también, quizás por nuestra presencia y nuestros aspavientos, o bien, por respeto a la vida. Finalmente, al acercarnos, lentamente, salió de la calzada, pero tan lentamente, que nos dio a entender que algo no iba bien.

Eugenio, el conejo, estaba enfermo de mixomatosis. Una enfermedad muy común en ellos que arrasa con la vida de muchos individuos. Sus ojos pegados, unidos por un grumoso fluido purulento, inflamados, ciegos. Flaco y pulgoso, lleno de garrapatas, hongos, sus testículos inflamados, pequeñas tumoraciones en el hocico. Lo cogimos sin dificultad del terreno agreste, lugar en el que este animal vive, alimentándose de la paja seca dejada por el verano. Lo metimos en el coche.

El veterinario nos contó que la mixomatosis es una enfermedad de origen vírico, mortal en la naturaleza en dos semanas, si ningún depredador se anticipa antes, pero que puede tratarse. El virus ataca las mucosas, creando heridas y llagas, que son bien aprovechadas e infectadas por las bacterias (esos animales no sintientes, que tanto bien y tanto mal hacen), privándole de defensas, dejándole ciego y provocando apatía y falta de apetito. Esas infecciones son las que finalmente le provocan al animal la muerte, y la falta de alimentación, así como la indefensión ante posibles ataques, por lo que eliminando las infecciones, curándole las heridas, sobre todo los ojos, e incitando su apetito, es posible y muy probable una recuperación exitosa.

Eugenio le pusimos de nombre, pues era el nombre que había puesto en la caja de cartón que nos dieron nuestros amigos, para llevarle, el nombre del padre de uno de ellos. Como agradeceros vuestros esfuerzos, amigos.

Al salir de la clínica, muy por la noche ya, se volvió a repetir la escena. De nuevo una conejita, más joven quizá que Eugenio, acurrucada en la calzada. Otra víctima de la enfermedad. ¿Qué podíamos hacer? ¿Y si tenía otra enfermedad y se contagiaban mutuamente?... decidimos rescatarla de una muerte segura y dolorosa. Si no por el asfalto con sus aplastantes ruedas, sí por la enfermedad agónica.

Ya antes de llegar a casa, retiré de la calzada otro conejo anónimo, del sucio y gris asfalto. Uno más atropellado por nuestra ¿imperiosa necesidad? de trasladarnos a toda velocidad, por nuestra imprudencia y falta de respeto al hogar de los demás. Este estaba sano.

Fue llegar a casa y, a los pocos minutos, Eugenia falleció ante nuestros ojos. No hubo ninguna posibilidad, nada que hacer a esas horas de madrugada. Sin veterinario, ni experiencia, ni conocimientos, aplicamos el mismo tratamiento a esa jovencita, pero no hubo opción. Murió dejándonos tristes y desamparados, exhaustos.

Eugenio, sin embargo, pareció adaptarse bien en su pequeño hospital de campaña, muy casero e improvisado, pero creemos que le resultó acogedor. Una caja de cartón suficientemente amplia, con mantita, empapador, cestito de pienso de conejo y agua. Así estuvo todos estos días (ni una semana), recuperándose poco a poco, cada vez más animado y despabilado. Sus ojos parecían mejorar y su apetito crecía. Las curas eran cada vez más dificultosas debido a la fuerza que estaba adquiriendo, se revelaba, mordía en ocasiones con esos enormes dientecitos. Vitaminas, antibiótico, desinfección, comida, agua, cariño y tranquilidad, evitandole todo estres posible, es lo que se le ha dado. Pero algo anoche no parecía ir bien y esta mañana... se ha confirmado.

Ya solo me resta pensar que no haya sufrido más de la cuenta, tras unos agónicos minutos de convulsiones y pataleos. La enfermedad debía estar más avanzada de lo que creíamos, o quizás, algo hicimos mal al tratar su enfermedad. No lo sé, pero intentaremos enterarnos que le ha sucedido, porque parecía que se estaba recuperando sin problemas, antes de ser liberado a la naturaleza de nuevo, cuando mejorase y estuviese en perfecto estado de salud. Es importante para la vida de otros que puedan necesitar nuestro auxilio, para otros que puedan pedir su Derecho de Auxilio, como dice Tom Reagan en “Jaulas vacías”.

No nos arrepentimos de haber intervenido. No vamos por ahí buscando animales enfermos para ayudarles. La vida es muy cruel y nuestro tiempo y recursos limitados... muy limitados para tanto sufrimiento. Pero aquel con el que nos topamos, le ayudamos. Creemos que es un derecho que tenemos todos los que somos capaces de sufrir. Es una necesidad que no se puede obviar y si se puede, se auxilia, se ayuda en la medida de lo posible. Soñábamos con un lugar idílico y bucólico para Eugenio y Eugenia. Ya estábamos buscándolo. Sucederá ahora en nuestros sueños y, seguro, se hará realidad para otros con los que nos crucemos por el camino y lo necesiten.

Mi última reflexión es para todos aquellos que, a diferencia de ellos, no han visto siquiera la luz del Sol. Eugenio vivió en libertad y pudo relacionarse como un conejo con los suyos. Sin embargo, miles de millones de conejos en España son criados en cautividad, en minúsculas celdas, jaulas de metal que les arruinan, que les hacen la vida miserable y tortuosa, para llegado un día concreto, ser matados para consumir sus músculos y piel. Degollados en vivo colgados cabeza abajo, despellejados y descuartizados. Quizás a día de hoy, no podamos afrontar el reto de erradicar todo sufrimiento en la naturaleza, pero si podemos erradicar la esclavitud, tortura y muerte de nuestros pequeños hermanos de vida, siendo veganos, no demandando sus cadáveres. Libérate de ataduras y convencionalismos, porque no necesitamos de sus cuerpos ni para vivir ni para vestir. Su sufrimiento es igual que el tuyo y su vida tan suya como la tuya es sólo de tí mismo.